Interesante!!!

Mostrando entradas con la etiqueta teoría ética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta teoría ética. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de mayo de 2008

****La madre, la hija y la cobija. (Una aproximación de género a Herencia de Clorinda Matto de Turner)

Alumno: Jorge Alejandro Vargas Prado.
Curso: Literatura americana II, profesor: Goyo Torres Santillana, cuarto año de Literatura.
UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN AGUSTÍN-AREQUIPA, PERÚ.
Año: 2008
Puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija.
Si hay una palabra constante que utiliza Clorinda Matto de Tuner en su novela Herencia para describir a las féminas sería la antes citada. Es extraño que, con su espíritu fuerte y la necesidad de fundar nuevas corrientes por estos lados del mundo, tenga una imagen tan llamativa de sus congéneres, a través de este trabajo vamos a darle un vistazo a la imagen construida de la mujer en su texto de obvia bandera naturalista.

Considero que Clorinda se escuda en las premisas del naturalismo para componer aquella figura tan desencantada y rotunda sobre las generaciones femeninas en el mundo. El naturalismo, como sabemos, es una corriente que tiene sus orígenes en el Realismo, utiliza los métodos de las ciencias naturales para describir personajes degradados, es decir se constituye como una manera pesimista y sucia del realismo.
Según esta teoría el hombre no es completamente libre sino que es encadenado a su destino desde su nacimiento por medio de dos factores: el medio social y la herencia biológica. Pues bien, son justamente estos temas los que bullen de manera notoria a lo largo de toda la novela. Clorinda Matto de Turner creó con Herencia, un manual esquematizado de lo que significan todas las nociones del naturalismo y me resulta extraño que, según su texto, las únicas que pueden ser predestinadas son las mujeres. Los hombres resultan inmunes a cualquier premisa naturalista.
Aristóteles pensaba que un discurso resultaba menos aburrido si al comienzo se advertía su final, pues no hay mejor frase para resumir lo que intento plantear en el trabajo que la mencionada por Espíritu la mulata, al principio de estas disquisiciones.
Comencemos pues a describir a las mujeres más representativas de la novela para tener un panorama más claro:

Lucía y Margarita.
Frágiles mujeres con íntima ligazón a Cusco (Margarita es cusqueña[1]), casi sin voz que en primera instancia, son sólo visibles por ser respectivamente esposa e hija adoptiva respectivamente de un hombre tachonado de virtudes por donde se le mire: Fernando Marín (“uno de aquellos hombres nacidos para mandar y para que las mujeres le adorasen con el frenesí de los sentidos” nos dice Clorinda). Ellas, a fiel reflejo de él, son también mujeres en los que la dicha no descansa nunca, sin embargo en ellas el medio social merma algunos valores, que si no faltaran, las convertirían en perfectas imágenes de yeso, poco biológicas de tan perfectas (lo cual le resta algo de verosimilitud a la novela, la forma se pierde por un fondo demasiado conciente, considero que la forma de la obra de arte no puede sacrificarse bajo ningún punto de vista). La novela se inicia con una descripción de Lima “la engreída sultana de Sud-América” frase que podría resumir también la idea de lo extranjero como cualidad de superioridad que se expone en toda la novela, talvez no referida explícitamente a la propia identidad (pues los intentos de ellas se concentran en ser mejores que las “costeñas”, y por el final existe una fuerte muestra de autoidentificación con el ande que sin embargo, no deja de ser un ande burgués). Según Barthes podríamos asociar este sentimiento con la necesidad de “extrañamiento” que investigaron los antiguos preocupados en la retórica, este sentimiento consistía en que todas las cosas extranjeras siempre son mejores y, como la retórica es fundadora de la concepción del mundo occidental, podríamos releer esta necesidad de objetos extranjeros como una necesidad de asumir un mundo por completo occidental (burgués, aristocrático, fino, etc.). Sin desviarnos del tema.
La primera asociación que hace de estas mujeres apenas aparecen en escena, y bajo la óptica de dos temperamentales muchachones, es la de “mercancía”. Ellas son vistas como nuevas “en el mercado del amor” por estos dos amigos que se quedan sorprendidos por unas vestimentas cuidadosísimas que la autora describe en detalle. Resulta anecdótico también que sea la calle “Mercaderes” en la que se desarrollan las descripciones. Quizás inconcientemente, Clorinda describe a sus dos máximas protagonistas como simples piezas exóticas que se exhiben para, y sólo para, la venta.
Ahora, ellas no están simplemente de venta para los varones sedientos, ellas están también comprando toda clase de aditamentos para poder, como ya lo dijimos, superar a todas las limeñas presuntuosas. El circuito comercial está completo. Nos enteramos que han sido invitadas a una fiesta de gala. Al primer reclamo de Margarita al ver tal despilfarro de dinero, Lucía reduce a todas las familias invitadas a sus géneros femeninos (las de Bellota, las Mascaro, las Ruleta, las López) y le advierte la horrible sociedad que está por conocer pero que sin embargo, a la que no puede dejar de ser sumisa y obediente. Acá la autora hace un dialogismo: a las mujeres de la época no les importaba su propia muerte debido a la tisis si ante sus amigas podía ostentar las novedades lujosas que había adquirido sin embargo, es rotunda al aclarar que ni Lucía, ni Margarita compartían ese pensar. Obviamente nos damos cuenta que esto no es cierto, que, aunque no lo pretenda, termina echando en el mismo saco a todas las de su género. Es obvio que tiene que defender a sus protagonistas principales pues ellas, al ser madre e hija las virtudes personificadas, están exentas desde tiempos inmemorables de aquella carga (puta la madre, puta la hija) y por lo tanto van a tener un final completamente feliz y emocionante. Detallemos dos puntos aquí, Clorinda entonces nos deja sin una esperanza: el humano es completamente no-libre; ellas se han podido liberar de la herencia pero, por más que piensen distinto, no lo están del ámbito social. Por otra parte, Margarita va a terminar sus días muy feliz con el ser que más amaba, Ernesto un muchacho no tan afortunado[2] pero que sin embargo, por su condición inmune de varón, no carga con ningún tipo de peso. Ahora, para los personajes de la novela y supongo que para los intelectuales de esta corriente también, este tipo de desgracias heredadas sólo a las mujeres se ven claramente demostradas por la ciencia, es decir utilizaban la “verdad” científica y una serie de argumentos sólidos para demostrar esta fatalidad en el destino humano. Dejemos que sea el mismo Fernando quien nos hable: “La ciencia ha demostrado y patentizado la herencia directa de los males que he enunciado, así como la herencia perruna de la hembra, y toca al hombre honrado precaver su descendencia, pues, crimen, y crimen inaudito es el de dar vida a hijos enfermos, con la conciencia de su desgracia pedurable y transmitible, crimen que los ortodoxos le cuelgan al buen Dios y que sostienen no sólo las mujeres dispensadas de sus errores en consideración de su ignorancia, sino los hombres aviesos que echan a los cuatro vientos las pomposas frases de progreso e ilusión”. Vaya frases.

Doña Nieves y Camila.
El yang del ying que acabábamos de describir. Resultan justo la otra cara de la moneda, lo que nuevamente nos hace dudar ante esta planicie psicológica de los personajes en la obra: por un lado los buenos y por el otro los malos. El primer rasgo que salta a la luz es su aparente fortaleza, su voz ruda y contundente que somete a su esposo don Pepe Aguilar, un sargento venido a menos. Como dice la propia autora “en la casa, doña Nieves era el sargento y don Pepe el cabo”. El impulso vital de doña Nieves estaba en casar a sus dos hijas, Lolita y Camila con hombres acaudalados para asegurarse el futuro, refirmando así que ninguna mujer podía estar completa sin un casamiento adecuado, ninguna (no hay una sola posibilidad, rotundamente, ni una) puede salir adelante sola, como veremos con la última mujer que describiremos. Con esta intensión, la de encontrar los hombres correctos, solía organizar muchas fiestas con las que su esposo no estaba de acuerdo. Esta oportunidad es bastante importante pues se festeja el cumpleaños de Camila y es a esta fiesta a la que asistirían Margarita y su madre. Su fiesta es una clara muestra de la actitud viperina de todas las mujeres, excepto claro de las serranas, quienes desgañitan sus corazones cuando ven a las nuevas mujeres con trajes tan costosos. El veneno discurre por los suelos con total descaro.
Es aquí que se pacta el destino fatal de Camila. Aquilino, un hombre italiano algo mayor que atendía en la pulpería cercana, se enamora concienzudamente de ella al verla en su cumpleaños. Inventa una tregua con Espíritu Cadenas, la mujer de la que hablaremos en seguida, y puede acercarse a Camila para robarle un beso. Este tipo de visitas furtivas van a ser frecuentes en la casa de los Aguilera, haciendo que Camila caiga rendida ante el primer amor. Cabe acá mencionar que Camila no es justamente el retrato heredado de su madre, sino que al contrario le caracteriza una quietud y amabilidad, sin embargo veremos cómo Clorinda nuevamente nos arranca las ilusiones y destruye el destino de una niña inocente como Camila. Camila es, sin duda, inocente. Luego de un tiempo la deshonra es descubierta por los padres de Camila, don Pepe pone un grito del cielo al descubrir que se trata del italiano de la pulpería y nuevamente se reflexiona sobre la bajeza biológica de las mujeres en general, sus propias palabras son precisas para ejemplificarnos la situación “¡Perra!... ¡perra!... sí señor... la madre... y se entregó a mí... la hija; es natural que se entregue a otro... ¡la ley hereditaria!... ¡perra! ¡perra!...”. Doña Nieves, sin embargo, defiende a su hija poniendo de excusa la belleza del italiano, pese a todo era imposible una unión formal ante la sociedad. Doña Nieves entonces ingenia una solución: con ayuda de todo el dinero que tienen convertirían a Aquilino en el Conde Luis de la Coronilla para así convertir el amor prohibido de su hija en uno de los eventos más importantes de toda la ciudad. Sin embargo, como ya lo hemos venido diciendo, pese a la completa inocencia de Camilia tiene encima un enorme lastre que va a pesar tanto que terminará reventando su cuerpo. Al final, la boda se realiza y los novios lo tienen todo, sin embargo descubrimos el carácter horripilante del italiano, y al cual Camila estará atada por siempre: alcohol y golpes.

Espíritu Cadenas.
Su nombre es un retruécano bastante llamativo. Se trata de una negra muy pobre que está condenada no sólo por ser mujer, sino por ser de la última escala social. Si para las mujeres ricas cualquier posibilidad de felicidad está negada, imaginemos que situación terrible la de Espíritu. La primera tesis en este personaje es que ninguna mujer, bajo ninguna condición, tiene ni la fuerza ni la capacidad biológica de salir adelante pues la ruina de Espíritu es a causa de la muerte de su madrina y protectora. Clorinda la describe como un ser sumamente incapaz de razonar, pues la compara con un pajarito criado en jaula de oro que luego de verse en libertad no sabe qué hacer con ella. Clorinda nos dice después: “acabó como todas las de su clase acaban, por caer con el primero que despertó sus sentidos y la dejó cuando iba a ser madre”. Entonces Espíritu es la víctima perfecta ideada por el naturalismo, condenada por su herencia biológica y por su ámbito social. Reafirmemos la tesis de Clorinda usando sus propias palabras “[al nacer la hija de Espíritu]... fue necesario apelar a la caridad de las vecinas que habitaban el mismo callejón del Molino Quebrado, quienes la asistieron, lamentando muy de veras que el nuevo ser fuese femenino... y por eso, allá donde la moderación rige al amor, nacen varones robustos, moral y físicamente”. Cualquier interpretación sobra.
La historia de esta morena es devastadora. Comienza con su desesperación al ver a sus hijas llorando de hambre y pidiendo a media lengua un poco de galleta seca. Lo último que le sobraba era un cuadro de Santa Mónica que no había podido vender en anteriores oportunidades por una cuestión de fe pero ahora no había otra opción. Recibe una mísera suma, tras ser engañada por el usurero, con la cual compra algo de comer a sus hijas, sin embargo llega la noche y hay una parranda en la vecindad. Ella, atada con cadenas a su cruel destino, decide ir y gasta una parte del dinero en tragos. Cuando el alcohol resulta histérico y delicioso, y ante la petición de Pantoja, un hombre que le despierta muchos deseos ella termina de gastar sus últimos soles para luego acostarse con él. Si a las otras mujeres, medianamente golpeadas por la desgracia les resta una vida de infelicidad, a Espíritu, marginal por donde se le mire, sólo le queda la muerte que llegará unas semanas después dejando a sus hijas más huérfanas que al principio y dejándonos a nosotros con una inmensa impotencia ante el terrible destino de ser mujer.

Gracias a Dios hoy podemos respirar tranquilos pues las nuevas corrientes que se van gestando en lugares más-que-nuestros desechan cualquier tipo de descreimiento en la vida, sobre todo cuando no se aporta ningún tipo de esperanza o camino a la libertad.
Si bien es cierto el texto de Clorinda Matto de Turner me pareció cuidado de forma, lleno de colores y fragancias insólitas pero, como ya lo hemos venido apuntando, un artista no puede sacrificar la técnica por alguna filosofía pues por intentar hacer un manual del naturalismo Clorinda pierde un aspecto más que vital en la prosa de ficción: la verosimilitud. Por otra parte no quiero ser un ente que la condene, considero que esta deslealtad a su género surge de la necesidad de forjarse como mujer fuerte que puede sobrepasar (en crudeza o en sagacidad, no lo sé) a cualquier macho que, como sabemos bien, ha construido la civilización para sí. Por lo tanto planteo una lectura más abierta de esta obra de Clorinda, una lectura que a través del remezón en nuestras conciencias y en nuestros sentimientos nos obligue a cambiar la situación, nos obligue a ponernos los vestidos de las otras y sentir como ellas.
Es necesario que sintamos como ellas, seamos ellas por un momento para, a través de la infinita ira y desazón, podamos luchar por un mundo en que los varones y las mujeres seamos, de manera complementaria, totalmente equivalentes.
Se intenta un final.


Bibliografía

-VEIRAVÉ, Alfredo. Literatura Hispanoamericana. Editorial Kapelusz. 1975. Buenos Aires.
-BARTHES, Roland. “La retórica antigua. Prontuario”. En La aventura semiológica. Trad. Ramón Alcalde. Barcelona: Paidós. 1990.
-MATTO de Turner, Clorinda. Herencia. Matto Hermanos editores. 1895. Lima.



[1] Esta historia se cuenta en Aves sin Nido una novela anterior de Clorinda Matto. Los “padres” Yupanqui de Margarita mueren debido a un complot de las autoridades. Entonces, tras previo pedido de Marcela Yupanqui, Margarita pasa como ahijada de Lucía y Fernando.
[2] Tomemos este término de la manera más romántica posible. El muchacho era muy pobre y se desespera ante la posibilidad del matrimonio que le exige una suma de dinero. Entonces, como es un hombre muy bueno algún ente superior le premia y gana la lotería con un pozo que es justamente la cantidad que necesitaba. Así comienza su fortuna en la vida.

viernes, 23 de noviembre de 2007

***Lectura hermenéutica de “los inocentes” de Oswaldo Reynoso—(HERMENEÚTICA FENOMENOLÓGICA, TEORÍA ÉTICA DE LA LITERATURA)

Alumno: Jorge Alejandro Vargas Prado.
Curso: Teoría literaria V, profesora: Rosa Núñez Pacheco, cuarto año de Literatura. UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN AGUSTÍN-AREQUIPA, PERÚ.
Año: 2007


Licencias para una metáfora previa:

Imaginemos que tu madre es una puta.
Y no es sólo puta sino que también es fea, le falta un diente, huele mal y suele armar escándalos constantes después de sus borracheras.
Tú, sin embargo, la amas.
Estás conciente a plenitud de sus defectos, esos defectos te hieren aunque es de tu preferencia pensar en lo bueno de tu madre. Hace buenas bromas, es original pero poco atinada en su vestir, lee libros valiosos y te los comenta, su conversación es ingeniosa y tiene los mejores sentimientos hacia contigo.
Consideras que eres destacado, inteligente y que todo lo bueno en ti, de alguna forma, es a causa de tu madre.
De pronto recuerdas la edad en la que fuiste conciente de que tu madre era buena, en contra de lo que el mundo entero te decía; recuerdas cuando descubriste que podías hacer que la vida de tu madre, y en consecuencia la tuya, sea mejor (no solucionarla, sólo hacerla mejor); recuerdas cuando te propusiste con todas tus fuerzas hacerle aquel bien al mundo.
Estás en buen camino pero te cruzas con alguien que día a día te recuerda que tu madre es puta (lo sabes, te hiere pero persistes), que a tu madre le falta un diente (lo sabes, te hiere, comienzas a incomodarte), que huele mal (¡lo sabes! ¿y?, aún sigues creyendo en lo buena que es tu madre), día a día te cuenta el nuevo escándalo que despertó al barrio entero.
Y sin embargo esa persona no te comenta, porque no lo sabe o porque no quiere saberlo o simplemente porque es un necio improductivo, la inteligente crítica que tu madre le hizo al programa de Jaime Bayli en medio del callejón, o cuando tu madre salió con unos palos para defender a una muchacha que era asaltada en la calle, o cuando tu madre recogió a un viejo mendigo que moría para ayudarle a pasar mejor sus últimos momentos en este mundo.
Te cansas.

Yo me he cansado.


Quiero demostrar aquí, cómo Los Inocentes de Oswaldo Reynoso estando sometidos a una madre (sociedad-ciudad-país) déspota, odiosa, sucia; nunca son derrotados; cómo, pese a su juventud, son capaces de enfrentar al mundo (los adultos) y, por medio de la voluntad, intentan vivir una vida intensísima hasta las últimas consecuencias.


LOS INOCENTES:

Cara de ángel:

Cara de ángel es bello, gran contrasentido para él: su belleza es miel para abejorros mayores (adultos) y sedientos de su carne que lo persiguen para, a cambio de favores económicos, ser poseídos por él; sin embargo, él revierte la escena y juguetea con ellos, juega con su belleza pero rechaza el acto en sí. La relación con su madre soltera es ineficiente y nada productiva: metáfora exacta a la relación de los muchachos con su mismo contexto, con su país, con su sociedad que desconfía siempre de sus logros (“…mi vieja cree que ya estoy con uno de esos y, sin averiguar nada, me pega. Hoy me ha pegado. No me quiere”), su madre lo desprecia, le gruñe, le golpea pero no lo derrota; pese a su problemática familiar Cara de ángel lucha, principalmente, por dos objetivos: ser un hombre de verdad (lo que se traduce en “valiente” y luego en “dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias de una vida intensa”. Cara de ángel vive dispuesto a crear su propio mito, un mito que lo ayude a vivir con intensidad y reconocimiento —felicidad—, su voluntad es potente y busca ser productiva, no condena su futuro por la desgracia que le tocó vivir en un momento) y tocarle las piernas a Gilda, lo que al final completa su deseo: amar, término un poco distorsionado del estereotipo, amar significa aquí intimar físicamente, idealizar lo real de la persona, su aspecto biológico, sus olores —agradables o, lo que es mejor, desagradables—; con respecto a ello se nos presenta fuerte la imagen de Colorete, él representa con exactitud la postura de la sociedad (del país) respecto a Cara de ángel: lo abusa, lo intimida, siempre terminan golpeándose pero Cara de ángel no cede, lo quiere, lo acepta y lo entiende (“Cuando se dio cuenta que lo miraba, se avergonzó. Quise darle la mano y decirle: “Te comprendo”…), produciendo con ello, de alguna manera, el crecimiento de ambos. Es claro: Colorete ama, amor conciente de lo biológico”, a Cara de ángel.

El Príncipe:

El Príncipe tiene el sendero de su vida marcado por su apodo, cedido por el homosexual que dirige la peluquería: Manos voladoras (“…tú tienes toda la facha de un Príncipe… No hay necesidad de ver príncipes de verdad para imaginarse cómo son”). Tenemos aquí algo resaltante, pese a manejar todos ciertos códigos machistas, el homosexual no es discriminado ni atentado en ninguna forma; el trato constante ha hecho de “esas personas” productivamente tolerantes.
Después de su aparición en los periódicos la mayoría joven lo admira, Manos voladoras reflexiona acerca de la honestidad de los adjetivos en la manera de vivir (“…ser roc no sólo es usar bluyins y camisa roja: eso, es cáscara. Ser roc significa, significa… bueno, por ejemplo, hacer lo que ha hecho el Príncipe”), considera, independientemente del carácter positivo o negativo del término, que no basta con ser llamado como algo, sino que se tiene que ser ese algo viviendo hasta las últimas consecuencias. Para Manos voladoras aquello es primordial y hermoso, en cambio para don Lucho, dueño de La Estrella y amigo del papá del Príncipe, es inaudito y dañino. Nos enfrentamos en este punto a una dialéctica: para los jóvenes la actitud del Príncipe es admirable, sin importar las consecuencias negativas, por la sinceridad de sus actos (lo que luego desemboca en la efervescencia de los demás muchachos para probar que el mundo ya los ha reconocido de manera extraordinaria, voluntad de construir mitos); en cambio para los adultos, don Lucho y el auxiliar López, aquello resulta penoso. En el caso de don Lucho la solidarización con el papá del Príncipe surge más por una cooperación coetánea que por alguna cuestión de sinceridad. Con respecto al auxiliar López, su torpeza y estupidez construyen en el Príncipe el rechazo a una generación de la que no es parte (y la cual está en su contra, es atacado por ella: “Lloro, lloro inconsolablemente. Todo está perdido, estoy solo, solo y tengo ganas de morirme”, pero que al final nunca logra derrotarlo: “Ya no recuerda que ha despertado llorando”), la rechaza y la enfrenta por medio de la voluntad para hacer realidad su mito: “¡Y cómo, en la Ciudad de los Reyes, un Príncipe sin auto y sin plata!: la hueva, compadre.”

Carambola:

Carambola maneja su identidad con respecto a Choro Plantado, que representa un indeseable de la sociedad que los contiene y que además fue quien lo bautizó, sin embargo Carambola desea ser como él. Una esfera mística (mítica) envuelve el relato desde que se plantea el primer enigma “él, sólo juega para liberarse”. Pese a ser un ex convicto por el asesinato de su mujer “él es bien derecho, juega sin trampas y castiga a los torcidos”. Una sociedad lo ha castigado, lo ha herido pero ya fuera de la cárcel parece haber fortalecido su moral. Carambola se siente excluido por sus padres “Yo no soy mocoso y nadies me importa y… además, a nadies le importo en mi casa” y busca un nuevo refugio en Choro Plantado quien, tras una oleada de sinceridad, reflexiona de manera positiva y productiva de la vida, incitando en Carambola la voluntad de vivir una vida intensa hasta sus últimas consecuencias, disfrutando, teniendo pasión: “Yo sé que tú quieres ser el trome del billar; pero, para eso, no sólo basta saber manejar el taco. Hay que tener pasión por el juego. Por la vida, Carambola.” Luego, Carambola descubre que Choro Plantado juega para liberarse del peso que la vida deja en el corazón de la gente golpeada, él ha sido golpeado, humillado por la sociedad pero su visión positiva de la vida no cambia; se siente aceptado nuevamente al salir, nadie lo cuestiona ni se interesan en señalarlo, quiere a la gente de su sociedad: “…porque aquí todos son buenos… Y ahí vamos, Carambola, jalando, tirando pa’delante…”.
Por último Carambola rechaza a ciegas el único concepto pesimista que Choro Plantado menciona, ninguna mujer es buena; Carambola aún no ha experimentado en la materia como para tener una conclusión pero prefiere creer, prefiere ser optimista y Choro Plantado, aún sabiendo la verdad, prefiere mantener el mito.

Colorete:

Colorete persigue los mismos objetivos de Cara de ángel: quiere ser adulto (lo que significa ser valiente. Su situación resulta más traumática que la del muchacho hermoso pues su “cobardía” se relaciona directamente a entablar relaciones con el sexo opuesto y no con los demás varones, cosa contraria en Cara de ángel. En un primer momento, se nos presenta como el líder del grupo, al que todos admiran o al menos respetan; pero los papeles se revierten: en su situación desencantada él es capaz de estetizar su tristeza sin razón por medio de guarachas, cosa rara pues sus amigos y las personas en general suelen alegrarse con guarachas, él termina deseando ser como sus amigos ) y desea el amor de una muchacha: Juanita, nuevamente la idea de un amor poco estereotipado regresa con fuerza: “Me apretaré a tu cuerpo. Te oleré de cerca” y en la visita a la playa, al olfatear sus ropas: “tenía un olor suave, húmedo”. Colorete persiste en sus ilusiones, aunque está casi seguro de que Juanita ya no es la pequeña de quince años que supone le envió el colorete en una carta anónima. Persiste y lucha por ellas hasta el final. De alguna manera el término del cuento nos deja una interpretación por abrir: Juanita desprecia a Colorete (encuentro para el cual Colorete se había preparado durante todo el cuento y que requiere la derrota de muchísimos de sus miedos e inseguridades) y se va con un muchacho con más prestigio debido a su carrera universitaria; nunca sabemos la reacción de Colorete aunque teniendo en cuenta todas las pistas recogidas a lo largo del libro propongo una derrota dolorosa pero (de alguna manera, en la “cáscara” al menos) fácilmente superada. Una derrota que lo impulsará con nuevos bríos a buscar un rumbo mejor.

Rosquita:

Por último, el Rosquita, el más niño de todos. Su llanto incontrolable lo delata pero él quiere ser a toda costa un adulto que va a lugares prohibidos, a cantinas (en lo que él engloba la libertad), llama a los muchachos que suelen golpearlo como “torcidos” y es justamente por ello que la tristeza lo invade, en su conciencia está que su edad convive con la perdición, que sus amigos tal vez están tomando un rumbo que él considera peligroso, de ahí su posición evolutiva: él desea con fuerza ser adulto pero no un adulto como con los que convive, sino un adulto pleno, libre: recto.


A modo de conclusión

Ninguno es derrotado. Tal vez resultan heridos pero se recomponen de inmediato y con más fuerza, para demostrarle al mundo su ineptitud (mayoritariamente representada por adultos), los inocentes mantienen sus esperanzas y sueños. No se resignan, no se abandonan ellos mismos ante el abandono de su madre (familia-sociedad-país), sino caminan, corren entusiasmados tras su propio mito, mitos que suelen ser exasperantemente sinceros, para alcanzar lo que aman: una mujer, representación del amor real-biológico-conciente, y una adultez diferente de la que ven, para sacarle la vuelta a su destino, para hacer de sus vidas nuevas un sincero y hermoso espectáculo en el cielo.

Bibliografía:

-REYNOSO, OSWALDO. Los Inocentes. Editorial San Marcos. Lima-Perú, (edición del 2002).
-MATURO, GRACIELA. La razón ardiente. Editorial Biblios. Buenos Aires-Argentina, 2004.