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martes, 13 de mayo de 2008

****Tu verde Banderita, poesía (Estudio de la parábola y la alegoría en el poema “De la poesía” de José Watanabe)

Alumna: María Miranda Medina.
Curso: Retórica, profesor: José Gabriel Valdivia, cuarto año de Literatura. UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN AGUSTÍN-AREQUIPA, PERÚ.
Año: 2008
Cuando publico un libro, tengo la actitud de un niño
que ha hecho una travesura en la sala de su casa…
Watanabe



Dentro de la poesía peruana existen diversos representantes que forman una tradición literaria digna de ser estudiada.
La generación del 70 ha sido una de las más influyentes, al dar a conocer poetas de la calidad de Verástegui, Sánchez León, Hinostrosa y Watanabe, así como por la formación de dos grupos: Hora Zero, y Estación reunida. Al ser su producción tan basta hemos optado por analizar la poética de José Watanabe que se mantuvo como poeta independiente sin formar parte de ninguno de los grupos antes mencionados, pero compartiendo ciertas ideas comunes.
Para esto, analizaremos desde una perspectiva retórica el poema “De al poesía”, por la carga simbólica que encierra; además de la temática que nos permitirá comprender las ideas del escritor sobre la creación.
Watanabe se consagra como uno de los poetas más importantes de su generación, teniendo gran impacto en la recepción de su público, por una visión de la poesía como un arte accesible a los lectores. En sus propias palabras: “La poesía tiene varios niveles, pero hay un nivel en que debe ser entendida por cualquier profano. (…) Se trata, de que el lector sienta que esos poemas también le pertenecen, que él los habría escrito si hubiera tenido cierto dominio del lenguaje. Eso es bonito, esa es la función de la poesía.”

Habitó entre nosotros:
Autor y contexto
Biografía de Watanabe



Nace en Laredo, un pequeño pueblo al este de Trujillo, el 17 de marzo de 1945. Su madre fue Paula Varas, peruana, de origen serrano y su padre Harumi Watanabe, japonés de quien aprendió el arte del haiku.
Watanabe tuvo una infancia muy pobre, sus padres trabajaban como campesinos en una hacienda azucarera al norte del país, hasta que el azar se hizo presente: ganaron la lotería de Lima y Callao y viajaron a Trujillo, la capital de la provincia. Luego, José migró a Lima a seguir estudios superiores, pero el recuerdo de Laredo permanecería en su memoria, por lo cual muchos de sus poemas se ubican espacialmente ahí, un Laredo que hoy sólo existe, con sus cuatro calles, en el imaginario del poeta.
En Lima estudió los primeros años de la carrera de Arquitectura pero la abandonó. Su formación fue esencialmente autodidacta y no sólo se desarrolló como poeta, sino también como guionista de cine y documentales, estuvo muy involucrado en el medio televisivo e hizo una adaptación de Antígona de Sófocles para el grupo de teatro Yuyachkani.
José Watanabe falleció en la ciudad de Lima el 25 de abril de 2007.

Trayectoria del Autor
En 1970 compartió con Antonio Cilloniz el Premio “Poeta Joven del Perú” que organizaba las revistas “Cuadernos Trimestrales de Poesía”.
La poesía de Watanabe era inusual cuando apareció, en 1971, su libro “Álbum de Familia”, suceso aplaudido por Abelardo Sánchez León en la revista “Oiga” (N- 429, Lima 25 VI. 1971. pp. 35-36), a pesar de que el escritor había publicado anteriormente su famoso cuento “El Trapiche” en la revista Narración.
En “Álbum de Familia”, Watanabe desarrollaba una poesía de tonos íntimos, con rasgos de la vida familiar, poesía conversacional, con melancolía provinciana, y una critica irónica a ciertos modales burgueses y pequeño burgueses. Era una voz muy original, cerca del imaginismo, y no en vano, uno de sus más destacados poemas, “Cuatro muchachas alrededor de una manzana”, llevaba una cita del poeta norteamericano Wallece Stevens: “La música de Susana tocaba las lujuriosas fibras”.
Lo que más llamó la atención de aquel libro fue su poema “Chagall”, perfecto como una esfera, donde están los mejores atributos del poeta, que anunciaba ya, un profundo conocimiento de lo visual.
En la poesía de Watanabe, encontramos a Modigliani, a Margritte, a Chagall, a Goya, a Munch, las técnicas del "verso proyectivo" de Charles Olson, el pensamiento matemático de Max Hill, la semántica de Korzybsbi y Hayakawa, el concretismo de Kitasono Katsue, la pintura costumbrista japonesa de Hokusai Katsushika, Utamano Kitagawa y Eitoku Kano, la influencia onírica de Tilsa Tsuchiya, el budismo zen y la pintura “suibokuga”: actitud confesada y abierta a cierta sabiduría tomada de la observación minuciosa de la naturaleza, y una gran aproximación a la obra del maestro Matsuo Basho.
La consagración literaria de Watanabe llega con sus libros: “El huso de la palabra” (1989), “Historia Natural” (1994), “Cosas del cuerpo” (1999) y “Habitó entre nosotros” (2002); “De la memoria del ojo”, historia de la inmigración japonesa al Perú a partir de fotos de archivo (en co-autoría con Amelia Morimoto y Oscar Chambi, 1999); “Antígona” (versión libre de la tragedia de Sófocles), y varios guiones cinematográficos , entre ellos el filme “La ciudad y los perros” , basado en la novela homónima de Mario Vargas Llosa. Entre las antologías que recogen lo mejor de su obra destacan “El guardián del hielo”, (2000) y “Path through the canefields" (1997) publicado en Londres.
La poesía de Watanabe creció en dimensión estética y en profundidad filosófica, rescatando la sencillez de la vida, la belleza árida y cromática del paisaje costeño, lo bucólico del paisaje serrano y hasta la sonoridad acuática de lo selvático.
Watanabe era un pintor que alcanzaba poemas y un poeta que imaginaba pinturas.

Watanabe y la generación del 70
Considerado una de las voces insulares o marginales entre los Poetas Peruanos del 70. En la cual encontramos exponentes tan dispares como: Antonio Cisneros, Abelardo Sánchez León, Rodolfo Hinostroza, Enrique Verástegui, entre otros. Esta generación está caracterizada por haber sido la más prolija en publicaciones periódicas, antologías, manifiestos y declaraciones colectivas a cargo de agrupaciones que confiaban en el poder de cambio social de la poesía, como Hora Zero y Estación reunida.
Los poetas que surgieron en los 70 quisieron llevar a su máxima expresión estos nuevos hallazgos de la poesía, tratando de desconocer su existencia previa a ellos (sólo reconocían en la poesía peruana a César Vallejo y a Javier Heraud). Ellos eran, según su propia opinión, los representantes de la nueva poesía peruana; considerándose a sí mismos la "nueva vanguardia" de la poesía, los fundadores de la poesía nacional.
La mayoría de los poetas importantes de este tiempo fueron parte de un grupo poético y de connotaciones políticas (con un discurso radical de izquierda) llamado Hora Zero; entre ellos destacan Jorge Pimentel, Juan Ramirez Ruiz y Enrique Verástegui. Este grupo llevó la "voz cantante" en la poesía de los años 70.
Algunos poetas no pertenecieron a Hora Zero, pero compartieron muchas de sus propuestas; mencionaremos a José Rosas Ribeyro y Julio Mora.
Finalmente, otros estuvieron un poco más alejados, aunque coincidieron en algunas visiones con Hora Zero; entre estos últimos, se encuentra nuestro autor, José Watanabe, Patrik Rosas y Abelardo Sánchez León.
Los poetas del 70 fueron en su mayoría provincianos; esto posibilitó que surgieran filiales de Hora Zero en muchos lugares del país, lo que hacia parecer al grupo como un movimiento nacional, poético y político.
El contexto socio-político de la poesía del 70 fue el gobierno de Velasco. La dictadura militar se había iniciado en 1968, y tenía como propuesta una "democratización social", "ni capitalista ni comunista" del Perú. La reforma agraria, el surgimiento de Empresas de Propiedad Social, la participación popular conducida desde el gobierno, la "oficialización" del quechua, la nacionalización del petróleo y el manejo del discurso de la izquierda, entre otras cosas -algunas logradas y muchas no muy bien diseñadas o aplicadas- significaron, entre otras cosas el fin de la oligarquía nacional.



El huso de la palabra:
Estudio retórico


Teniendo ya un contexto histórico del poeta y su medio, nos abocaremos al análisis retórico en el cual se pretende reconocer las figuras de la alegoría y la parábola en el poema “De la poesía” de Watanabe, considerado un maestro de las figuras mencionadas. A través del análisis se aspira a un mayor entendimiento del universo del autor con respecto a la poesía.
Así, buscamos aplicar los conocimientos retóricos a Watanabe para poder dilucidar la importancia de la retórica en el análisis literario, resaltándola como una herramienta base para una mayor comprensión de la práctica creativa.
Para esto empezaremos por indagar en el proceso histórico de la retórica, así como, en la comprensión de la alegoría y la parábola.



La retórica a través del tiempo
En la antigüedad griega, la retórica estuvo presente como un tema significativo de la reflexión filosófica, asociada al origen de la democracia y el diálogo, a la invención de la justicia.

Con el tiempo la retórica invade el mundo romano, más adelante, la edad media, extendiéndose, así, hasta el siglo XIX, donde mantendrá un lugar privilegiado entre los estudiosos. Como una técnica, una enseñanza, una moral, una práctica social y lúdica, la retórica fue un instrumento fértil en el campo de la reflexión y la comprensión. Desaparecida por un período, durante la emergencia del romanticismo, hoy, la retórica ha renacido en el interés de los estudios literarios.

El origen de la retórica se encuentra en Siracusa alrededor del año 485 de la era antigua. Por ese tiempo los tiranos Hierón y Gelón impusieron la expropiación de tierras y el ostracismo para una parte importante de la población. En estas condiciones, surgió un nuevo orden en donde los mercenarios pasaron a ser propietarios. Cuando sobrevino la rebelión democrática derrotando a la tiranía, se buscó restablecer las antiguas relaciones de propiedad, pero entonces esos derechos estaban ya muy borrosos. Como una forma para salir de esa confusión, se establecieron jurados populares con numerosos miembros, ante los cuales cada ciudadano debía hacer sus demandas y alegar personalmente en su beneficio.

Es a partir de esta crisis que nace el arte de persuadir, y la aparición de sus primeros maestros. Poco sabemos de ellos, pero allí quedaron inscritos los nombres de Empédocles de Agrigento, Corax y Tisias de Sicilia. Sin mucha demora la retórica se desplaza a Grecia y es especialmente acogida en Atenas en donde llega a ser una materia de estudio dominante.

La retórica surge para dar respuesta a una situación en la que reina la indefinición. Muchos reclaman derechos, pero nadie está en condiciones de trazar una línea que separe lo legítimo de lo ilegítimo. Se trata de una situación sin una legalidad reconocida y aceptada. La retórica se convierte en la herramienta para abrir un surco en un terreno dispuesto para múltiples oportunidades. Hoy la visión de la retórica es mucho más amplia y hasta algunos, como García Berrio[1], postulan la creación de una retórica general, que abarcaría todos los espacios de la comunicación y del discurso humano.

La retórica es la téchne de la elocuencia, su fin es encantar y seducir a los auditores por medio del discurso. Es el instrumento que hace posible la persuasión. Es una capacidad que surge como producto de la aplicación de un saber y no de un inexplicado talento. Hace referencia a una práctica basada en reglas generales y conocimientos seguros. Aristóteles la define como la facultad de considerar especulativamente los medios posibles de persuadir o de prestar verosimilitud a cualquier asunto.

Su eje está en el lenguaje y el pensamiento, y la exigencia de libertad y tolerancia que plantea su puesta en escena excluye a la coacción. Gorgias la separa de cualquier actividad manual e insiste en que sólo se base en las palabras. Su meta no es el conocimiento o el hallazgo de algunas verdades. Se trata más bien del dominio de una destreza orientada al logro de una comunicación persuasiva, aunque su enseñanza en manos de los sofistas no estuviese completamente referida a fines instrumentales.

El nacimiento de la retórica está unido también al reconocimiento del valor del pensamiento, el lenguaje y la educación. Es un medio que dice más de quien produce el discurso que de los objetos implicados. Es el orador el que invita a aceptar lo que se postula, poniendo cada cosa bajo un manto de verosimilitud. Por este motivo, la retórica se vincula necesariamente con la literatura, pues ambas inician a través de la forma, una manera de convencimiento sobre supuestos que pueden o no ser ficcionales, pero que son, definitivamente, inciertos.


La retórica literaria
La retórica ha renacido en la segunda mitad del siglo XX como disciplina científica con el surgir de varias corrientes de pensamiento, redescubriendo su valor para distintas disciplinas. Comenzando con Heinrich Lausberg, quien realizó una gran labor de clasificación de la disciplina con sus Elemente der literarischen Rhetorik, traducido como Elementos de retórica literaria en 1966; y su implacable Manual de retórica literaria, publicado en español en 1975 en tres volúmenes; Chaïm Perelman y Lucie Ollbrechts-Tyteca publicaron en 1958 un fundamental Tratado de la argumentación, traducido al castellano en 1994; la disciplina creada a raíz de este libro se denomina desde entonces Retórica de la argumentación o, a veces, Neorretórica; por otra parte, y al lado de esta llamada retórica de la argumentación, ha surgido una nueva neorretórica, la retórica contemporanea de las figuras, ilustrada por Roman Jakobson, el Grupo µ (o Grupo de Lieja), Lakoff y Johnson, etc. que permitió a la lingüística y a la semiótica desarrollarse en una orientación social y congitivista.


Crítica retórica
En la antigüedad, la función de la crítica de la retórica era, pues, explicar el efecto que un discurso específicamente ubicado ejercía sobre el público, su éxito o fracaso, según las intenciones explícitas del orador, las características de su público y las técnicas de persuasión empleadas en el discurso: las vías de argumentación y las formas de apelación que sostienen las afirmaciones del orador, la organización del discurso, su estilo y el método del orador para presentarlo.


Hoy, la “retórica” se extiende a través de la cultura moderna o posmoderna como un principio general y omnipresente de la “retoricidad”. Todo cuanto constituye el texto social es, de algún modo, “retórico”, con lo cual el crítico de hoy puede hablar de la retórica de la ficción, la poesía, la ciencia; o de la dimensión “retórica” de casi cualquier tipo de discurso, formación ideológica o práctica social. Además, los desarrollos en la teoría literaria post-estructuralista han reivindicado la “retórica” o “retoricidad” como principio nietzscheano de figurativismo, el “ejército móvil de metáforas” que está presente en el significado textual y las posibilidades de pensamiento y de formación de las actitudes.

La “retórica” es omnipresente, es la condición de nuestro ser, el medio en el cual vivimos. Como han sugerido escritores diversos: Terry Eagleton, J. Hillis Miller, Steven Mailloux y Dilip Gaonkar, la crítica de la “retórica” se ha convertido en una empresa hermenéutica, una práctica de demostración y crítica de la “retoricidad” o las dimensiones y efectos “retóricos” de casi cualquier cosa.



Elogio del refrenamiento:
Las figuras



Se denomina figuras literarias a ciertas formas de utilización de las palabras que aunque son empleadas con sus acepciones habituales (aspecto que las diferencia de los tropos), están acompañadas de ciertas particularidades fónicas, gramaticales o semánticas, que las alejan de un uso normal de las mismas, por lo que resultan especialmente expresivas. Debido a esto, su uso es característico, aunque de ningún modo exclusivo, de las obras literarias.


Parábola
El término "parábola" proviene del griego (parabolē), el nombre dado por los retoricistas griegos a toda ilustración ficticia en forma de una breve narrativa. Más adelante, pasó a conocerse como narrativa ficticia, aludiendo generalmente a algo que puede ocurrir de forma natural, y por el cual se precisan asuntos morales y espirituales.
Al igual que la fábula, la parábola suele narrar una acción simple, singular y consistente, sin detalles extraños ni circunstancias que conlleven a la distracción. En La República de Platón, las parábolas, como las que aluden a las sombras en la caverna, engloban un argumento abstracto en una narrativa más concreta y fácilmente asequible.
En el prefacio a su traducción de las Fábulas de Aesop, George Fyler Townsend definió "parábola" como "el uso designado del lenguaje con el propósito intencionado de convenir un significado oculto y secreto, más que el que contienen las palabras en sí mismas, y que puede o no portar una referencia especial al oyente o lector."
Una parábola es como una metáfora que ha sido extendida para conformar una ficción breve y coherente. A diferencia de la situación que se presenta con un símil, el significado correspondiente de la parábola es silencioso e implícito, aunque no secreto de forma ordinaria.
Si bien las parábolas a menudo poseen un subtexto prescriptivo fuerte, sugiriendo cómo se debe comportar o cómo debe creer una persona, muchas parábolas simplemente exploran un concepto desde un punto de vista neutral. Lejos de proveer una guía y sugerencias de la acción correcta en la vida, las parábolas ofrecen un lenguaje metafórico que le permite a la gente discutir más fácilmente ideas difíciles o complejas.


Alegoría
Del griego allegorein, «hablar figuradamente», recurso estilístico muy usado en la Edad Media y el Barroco que consiste en representar en forma humana o como objeto una idea abstracta.
También se denomina así a un procedimiento retórico de más amplio alcance, en tanto que por él se crea un sistema extenso y subdividido de imágenes metafóricas que representa un pensamiento más complejo o una experiencia humana real, y en ese sentido puede constituir obras enteras, como el Roman de la rose de Jean de Meung. La alegoría se transforma entonces en un instrumento cognoscitivo y se asocia al razonamiento por analogías o analógico.
El dramaturgo barroco Pedro Calderón de la Barca llevó a su perfección el subgénero dramático alegórico en un acto de tema eucarístico denominado auto sacramental, donde los personajes son en realidad alegorías de conceptos abstractos. En uno de ellos, define así la alegoría:
La alegoría no es más
que un espejo que traslada
lo que es con lo que no es,
y está toda su elegancia
en que salga parecida
tanto la copia en la tabla,
que el que está mirando a una
piense que está viendo a entre ambas.


Diferencias y Semejanzas
El vocablo "parábola" proviene en última instancia del gr. paraboleµ, que significa literalmente "poniendo cosas a la par". Etimológicamente, por lo tanto, está muy cerca de la "alegoría", que por derivación significa "diciendo cosas de modo diferente". Tanto las parábolas como las alegorías han sido consideradas, generalmente, como formas de enseñanza que presentan al oyente ilustraciones interesantes, de las que pueden obtener lecciones morales y religiosas.
La "parábola" es un símil más bien largo o un cuento descriptivo corto, generalmente destinada a inculcar una verdad única o a responder una pregunta única; mientras que la "alegoría", denota el cuento más completo en el que todos los detalles, o la mayoría de ellos, entran en la interpretación.
Sin embargo, ambas coinciden, según H.W. Fowler en Modern English Usageen en que, "el objeto en cada una es iluminar al oyente presentándole un caso en el que aparentemente no estaba interesado, y sobre el cual deberá obtener un juicio desinteresado de su parte".



Banderas detrás de la niebla:
Análisis del poema “De la poesía”



Habiendo entendido las dos figuras principales que vamos a ubicar en el poema, empezaremos con el análisis retórico respectivo.

El niño entró en la sombra de su árbol de extramuros


donde dejaba diariamente sus quehaceres de intestino.


Y si otro niño en árbol vecino se acuclillaba


y se aliviaba


brotaba entre ambos


la honrosa complicidad en la depuración


del buen animal.



Esta vez, sin embargo,


una visión suspende al niño, lo fija


con estuporbajo su árbol:


En medio de una anterior limpieza


crecía


Y lo estremeció la imaginación del viaje


de la pequeña menestra


a lo largo de su cuerpo, su recorrido indemne,


incontaminado


y defendiendo


en su íntimo y delicado centro


el embrión vivo.


Y en la memoria del niño,


con difícil contento,


comenzó a elevarse para siempre


la planta mínima, tu principio, tu verde banderita,


poesía.



Primero identificaremos los dominios, las operaciones y posteriormente las relaciones.
Dominios


a) PLÁSTICO: metaplasmos
Apócope: (v. 7) buen animal (se suprime la ‘o’ de bueno)
Aféresis: (v.11) bajo su árbol (se suprime la ‘a’ de abajo)
Epéntesis: (v. 3) acuclillaba (se aumenta una ‘a’ a la palabra original que es “de cuclillas”)
Paragoge: (v.24) banderita (el diminutivo ‘ita’ se le agrega a bandera)


b) SINTÁCTICO: metataxis
Permutación:
Se da un cambio en el orden de la oración en los siguientes versos…
1. “Donde dejaba diariamente” (v.2) – generalmente se dice: “donde diariamente dejaba”
2. “Y si otro niño en árbol vecino se acuclillaba” (v.3) – generalmente se dice: “Y si otro niño se acuclillaba en árbol vecino”
3. “Del buen animal” (v.7) - generalmente se dice: “del animal bueno”
4. “En medio de una anterior limpieza” (v.12)- generalmente se dice: “en medio de una limpieza anterior”
5. “tu verde banderita” (v.24)- generalmente se dice: “tu banderita verde”


c) SÉMICO: metasenema
Hipálage:
(v.6) Honrosa complicidad (una complicidad nunca es honrosa)
(v.22) difícil contento (el contento generalmente es espontáneo, no tendría porque ser difícil)
Metáfora:
(v.2 y v. 12) sus quehaceres de intestino, la anterior limpieza (se refiere a las heces)
(v.14 y 15) el viaje de la pequeña menestra (se refiere al proceso de la defecación)
(v. 24 y 25) planta mínima y verde banderita (se refiere a la poesía)
Metonímia:
(v.3) Y si el otro niño en árbol vecino se acuclillaba (no se acuclilla en el árbol, sino bajo sus ramas, o delante del tronco)
Sinécdote:
(v.21) Y en la memoria del niño (la memoria es una parte del proceso del pensamiento)


d) LÓGICO: metalogismo
(v.1) El niño entró en la sombra (nadie entra en la sombra porque la sombra no es un espacio propiamente, sino es solo una proyección de luz)
(v.21 al 23) Y en la memoria del niño (…) comenzó a elevarse para siempre (…) poesía (la memoria retiene no eleva)
* Posteriormente ahondaremos en la parábola y la analogía que tendrán mucho que ver con el aspecto lógico.


Operaciones
GRADO O

El poema tiene un título bastante asequible “De la poesía”, el cual nos refiere, claramente, a una práctica literaria la cual conocemos por ideas previas. Sin embargo, existe una ruptura cuando uno empieza a leer el poema, pues no habla para nada de poesía salvo al final.
En realidad, en el texto se empieza a contar la historia de un niño que va a hacer sus necesidades en un árbol alejado. A veces, se encuentra con otro niño y existe entre ambos una complicidad.
Sin embargo, esto no lo dice literalmente, sino que escribe “donde dejaba diariamente sus quehaceres del intestino” y nos dice que el otro niño “se acuclilla”. Como sabemos, los hombres no orinan de cuclillas, y la orina viene del riñón no del intestino. Es por eso, que inferimos que el niño no está orinando sino defecando. Es importante esta comprensión, porque si los niños miccionaran, probablemente, el sentido del poema cambiaría.
Hasta este momento todo lo entendemos por conocimientos previos, pero hay un quiebre en el poema donde, el niño ve algo en medio de sus heces. El autor se mete en la pensamiento del niño que imagina el recorrido de éstas dentro de su cuerpo, pero el texto nos confunde cuando dice:
“Y lo estremeció la imaginación del viaje/ de la pequeña menestraa lo largo de su cuerpo, su recorrido indemne,/ incontaminado/ y defendiendo/ en su íntimo y delicado centroel embrión vivo.”
Porque creemos en un comienzo que la pequeña menestra, se refiere a sus heces, pero esta no lleva ninguna relación con un embrión vivo, pues como sabemos el embrión nace de la unión del óvulo y del espermatozoide y primero, en el caso del niño, eso no es posible. Además que la descripción del recorrido, del viaje en su cuerpo, se describe con pulcritud, lo cual es contrario al proceso de defecación dentro de un ser humano.
Nuevamente, después de esos versos entramos en una contradicción mayor, pues a partir de esa visión, en el niño se eleva “la planta mínima, tu principio, tu banderita verde, poesía”. Entonces nos preguntamos: ¿Qué tiene que ver el hecho de que el niño ha encontrado algo en medio de sus heces con la poesía?


ALTERACIONES
Al inicio pensamos que el significado de “menestra”, era una manera de nombrar a las heces, pero después de revisar nuevamente el poema, nos damos cuenta de que Watanabe se refiere al significado literal de menestra.
Otro aspecto importante que hemos obviado es la sucesión del tiempo, en este poema, el autor utiliza los tres tiempos:
1. Un tiempo pasado inmediato, donde el niño ya defecó.
1.1 Un tiempo pasado relativo, donde, a veces, se encuentra con otro niño con el cual existe una complicidad por el proceso de purificación interna que ocurre cuando botamos los residuos de los alimento.
2. Un tiempo presente, que es el momento en la cual el niño ve la menestra en medio de sus heces.
2.2 Un tiempo presente que evoca el pasado, el proceso de defecación al que él no puede acceder, salvo a través de las sensaciones y que por eso imagina.
3. Un tiempo futuro, donde la poesía va ha crecer, a germinar en el niño. Pues esa visión inaugura el inicio del espíritu poético en el niño.
Ahora como hemos visto antes, hay un quiebre entre la historia de la poesía y la historia del niño, pero ambos coinciden en un momento: la visión del embrión vivo.


MARCAS
En el texto consideramos que existen cuatro marcas fundamentales, a partir de las cuales se desarrollará la analogía que el autor propone en el poema:
1. El niño
2. El embrión vivo
3. El árbol de extramuros
4. El otro niño
El niño en el poema sería la representación del posible poeta. La razón por la cual el poeta escoge al niño como su símbolo, es por la capacidad de los niños para percibir ciertas cosas que los demás no descubren. Además, la niñez tiende a sobrevalorar las cosas y puede invertir realidades, o mejor dicho superponer una realidad sobre otra, sin mayor esfuerzo. También, el niño cree en lo que le dicen, pero lo reinterpreta de una manera muy propia, confiriéndole una originalidad que a veces el resto no entiende.
Por eso la analogía del niño con el poeta es exacta, porque como dice Guillermo Mercado “Los dioses mueren jóvenes”; es decir, que la juventud reside en aquellos que la renuevan; como el poeta, a través de la fantasía, de la ficción.
El embrión vivo es el que realiza todo ese viaje dentro del niño, pero que a pesar de viajar a través de las heces del niño, “su recorrido es indemne, incontaminado”; la única razón por la cual el embrión vivo no se contamina es porque representa la pureza intrínseca, la belleza, dentro de la menestra que lo contiene. El embrión vivo, entonces, simbolizaría el germen de la poesía, pues a pesar de toda “la mierda” que la rodea, ella es inmaculada, ya que no existe dentro de nuestros límites, sino más allá de ellos; y la menestra que engendra vida, sería la imagen, la primera imagen ante la cual uno se consterna, se estremece, se conmueve, una visión poética del hecho literario.
El árbol de extramuros es el que cobija al niño en su sombra, para que este pueda realizar sus necesidades y es él testigo de la visión del embrión vivo. Es interesante resaltar el adjetivo de extramuros, porque es él, el que nos da la pista para entender la significación del árbol. El árbol de extramuros es una alegoría de la ficción y su sombra es la realidad, el niño entra en la sombra del árbol, pero el árbol constituye algo mucho más vasto que eso. El niño cuando está defecando sólo ve la sombra, cuando se aleja, ve al árbol. Por eso, es necesario tomar cierta distancia, ser espectadores como planteaba Gasset: “La verdad, lo real, el universo, la vida—como queraís llamarlo—se quiebra en facetas innumerables, en vertientes del individuo. Si éste ha sabido ser fiel a su punto de vista, si ha resistido a la eterna seducción de cambiar su retina por otra imaginaria, lo que verá será un aspecto real del mundo”[2]… dedicarnos a la contemplación nos permite percibir la realidad dentro de una ficción que la excede y que abre las puertas a la imagen de la poesía.
El otro niño a veces coincide con el niño inicial y los une una “honrosa complicidad”, pero, en general, el primer niño está sólo, y su visión la tiene en soledad. Por eso, creemos que el otro niño es una alegoría del mundo. Porque si bien el mundo coincide con el poeta a veces, en general, el poeta está sólo como un verso de Dylan Thomas “estoy sólo en una multitud de amores”[3], porque toma cierta distancia con respecto a su mundo para percibir la poesía.


REDUNDANCIAS
Las redundancias dentro del poema se dan en los siguientes versos:
(v.6, v 12, v. 16 y v. 17) depuración, limpieza, indemne, incontaminado.
(v. 14 y v. 16) viaje, recorrido.
(v.9 y v.10) suspende, lo fija con estupor.
(v. 15 y v.24) crecía la menestra, planta mínima.
Como sabemos la redundancia es utilizada por el poeta para resaltar las partes importantes en el texto, aquí vemos como la mirada del escritor se centra en el proceso de purificación a través del cual la pequeña menestra, engendra la planta mínima que es la poesía, entonces, el tema del poeta es el proceso de creación en la imagen poética.


AUTOCORRECCIÓN
En realidad, el texto de Watanabe “De la poesía”, es en sí una parábola, encierra una totalidad, que como hemos ido descubriendo a través de la historia de un niño que va a un árbol de extramuros a defecar, donde a veces entabla un vínculo de complicidad con otro niño; pero que en un momento, se fija en un suceso extraño, en medio de sus heces, ve brotar en una menestra el inicio de una planta, esta imagen lo suspende y permanece retenida en su memoria en un “difícil contento”.
Al final, en los últimos tres versos, el autor nos revela es sentido de la parábola. La poesía es un embrión vivo, que está dentro de nosotros pero que necesita de una realidad ficcional para nacer, y que se desarrolla mediante un proceso de purificación, de belleza.
Pero para crear la poesía es necesario reconocer el hecho estético. Como Borges nos dice: “hay un momento en que el hombre sabe para siempre quien es”[4], ese momento en Watanabe es la poesía. No es una práctica fácil, si bien nos produce un cierto tipo de placer también lleva dentro de sí la responsabilidad de ejercerla con pasión.
Dentro del proceso creativo, el mundo a veces coincide con el poeta, pero se diferencia de él, pues es el poeta quien logra percibir los sucesos que escapan a la realidad aparente. El creador tiene que estar predispuesto hacia el sentido poético, es necesario que tenga una mente amplia y sin prejuicios, una originalidad, y la inocencia que le permita sorprenderse por los eventos, como si sucedieran por primera vez, como si cada espacio fuera un “espacio de revelaciones” como decía Pizarnik.
Un elemento, también, interesante en el poema es el juego del tiempo que inicia con el “diariamente” y termina con un “para siempre”, que se complementará con la simbología de la menestra que encierra el embrión vivo que es la poesía y que es defecado, es decir está rodeado de excremento. Por lo tanto, la poesía no es evidente, sino más bien es extraña y se esconde de la mirada común, pues busca la observación penetrante que entienda su esencia como algo tan puro (quizás hasta divino) y a la vez tan humano que encierra nuestra contradicción de almas mortales que sueñan con la eternidad, que en el poeta es la sucesión de imágenes que trascienden el tiempo y el espacio.
Por último, Watanabe termina por calificar a la poesía como “la planta mínima, tu principio, tu verde banderita, poesía”. Ya hemos abarcado la imagen de la planta mínima, en “tu principio” retomamos la frase de Borges para decir que es a partir del momento de la poesía que el creador empieza a existir, y por último tu verde banderita, que es una imagen que el mismo autor explica con respecto a su último libro “Banderas detrás de la niebla”:
“Para mí la poesía es un poco eso, banderas visto detrás de la niebla. Te cuento la anécdota que viví cuando tenía 16 años y que siempre conservé en el recuerdo. Mira, aquí en La Punta, los buques de la Armada vienen en octubre y se hacen señales con banderas. Una noche estaba nublado, no se veía casi nada y de pronto, entre la niebla, vi banderas. Para mí, esa es la imagen de la poesía, la belleza que uno ve entre la niebla cotidiana.”
A partir de esta aproximación al personaje de Watanabe, podemos entender mejor el poema “De la poesía” y la imagen de la banderita. Sólo nos faltaría responder a una pregunta, por qué verde. Considero que siendo el autor una persona de una profundidad espiritual y de una concepción de la vida como entrega y práctica del amor, el verde podría significar la esperanza (asociado así por todos), pero, considero que principalmente el verde es un color que encarna la libertad, es esa imagen de una bandera agitándose, la revelación del ser en su plena realización poética (es la premonición de una realidad/ficción de vida).


Relaciones
PRODUCTOR- TEXTO

El autor se relaciona con su texto en la medida en que expresa sus concepciones de la vida a través de él. Como en el poema que ya hemos visto inserta su mirada de la poesía de una manera original y única.
Es a través del texto, que Watanabe valida su discurso, como el mismo dice en una de sus entrevistas:
“se trata de crear un objeto bello para compartirlo con otros. Y siento que si no lo hago yo no lo va a hacer nadie.”
Contrariamente a la posición de Borges de que todo ya está escrito, Watanabe considera que el texto está en cada uno de nosotros, pero es necesario que la hagamos existir. Nada existe hasta que no lo nombramos.
Además, Watanabe nos cuenta de una respuesta que le dio su madre, al mostrarle uno de sus poemas, la cual ilustrará su concepción poética:
"¿Y? ¿Te gustó?". Dijo: "Sí, está bonito, tú envuelves mierda en papel bonito" .Y creo que es una buena definición de lo que pretendo hacer, o sea decir cosas más o menos fuertes, intensas, pero con un lenguaje más o menos diáfano, transparente.


PRODUCTOR – CONTEXTO
Watanabe como ya lo hemos explicado anteriormente pertenece a la generación del 70, pero no se identifica con ninguno de los grupos que surgen, sin embargo confiesa tener mayor afinidad con “Estación Reunida”.
“Hubiera firmado, decididamente, uno de los manifiestos de Estación Reunida, que era un grupo que veía las cosas más políticamente, tenía mayor claridad política frente a Hora Zero que, como digo, representó el espíritu de la época.”
Los 70s fueron tiempos donde el espíritu político en los jóvenes estaba muy arraigado, lo cual se ve en Hora Zero, sin embargo, Watanabe no considera que la literatura y la política se debieran mezclar, a pesar de ser de izquierda. Él se ve como izquierdista y como poeta, sin dejar que ninguna de sus dos opciones se confundan.
“…muchos en ese momento se planteaban cambiar el mundo a través de la poesía, se veía la poesía como un elemento que debía coadyuvar al cambio social, pero ojo, no se trataba de una poesía social realista. Sin embargo, en especial Hora Zero, hablaba del "poder de la poesía". Yo discrepé siempre con ellos en esos postulados, por eso no pertenecí a Hora Zero. Éramos y seguimos siendo muy amigos y me parece que ahora ellos han dejado atrás esos postulados. Yo, en lo personal, nunca pensé que la poesía pudiera tener un poder de cambio.”


CONSUMIDOR – TEXTO
Definitivamente la poesía de Watanabe, es una de las que mayor recepción tiene en la gente, porque encierra una pseudocontradicción, la simpleza acompañada de la profundidad. Watanabe se adentra en muchos de los sentimientos colectivos del ser humano, como el miedo a la muerte, la avidez por la vida, el paradigma de la felicidad, etc.
Es por eso, que se convierte en uno de los escritores a los cuales la crítica los ha favorecido bastante por el impacto que tiene en los lectores peruanos.
Watanabe es un poeta de parábolas, sus poemas son como pequeñas historias, que ilustran y permiten la retención de una imagen, que tiene importancia en la vida de todos nosotros.
Él aboga por una poesía entendible, pero no por eso artificial.
“La poesía tiene varios niveles, pero hay un nivel en que debe ser entendida por cualquier profano.”
En mi caso particular, si bien el guardián del hielo fue uno de los poemas que más me impresionó por la carga simbólica que encierra, dejé de seguir el rastro a Watanabe. Sin embargo, últimamente tuve la oportunidad de leer “El otro Asterión”, del libro “Banderas detrás de la niebla”- Y me impresionó su utilización de las imágenes, no tan parabólicas como en “El guardián del hielo”, pero con una semiosis mucho más compleja. Hoy me doy una nueva impresión de Watanabe con su texto: “De la poesía”, que, considero, encierra una mirada tierna y subversiva de la poesía: una imagen que vemos en muchos tiempos. Como mi verso preferido de Pizarnik “la rebelión consiste una rosa hasta pulverizarse los ojos[5]; y la poesía es inminentemente una rebelión.
“Más de una vez he dicho que mi poética es la del ojo, consiste en ver, en mirar.”[6]

CONSUMIDOR – CONTEXTO
Watanabe tiene una poesía universal, más allá de las influencias de su época y espacio, rompe las barreras de muchos contextos, haciéndolos accesibles al público. Es por eso que aproximarse a sus textos es placentero y no muy difícil.
Sin embargo, analizando el contexto actual donde la lectura está cada vez venida a menos, la poesía de Watanabe se ha relegado, por textos de autoayuda por ejemplo o por reflexiones “tan” profundas como las de Pablo Coehlo, y se ha olvidado que la verdadera profundidad de la literatura se encuentra en la forma, porque la forma encarna la estética que la constituye.
Watanabe debería ser un texto fundamental para la educación peruana, que por su mirada accesible de los hechos exteriores, nos permite detenernos en los detalles que a veces dejamos de lado.
“Es cierto que yo soy un poeta más o menos naturalista y escribo casi siempre lo que veo. Se dice que soy un poeta sabio, pero la sabiduría no está en mí sino que la veo fuera.”

PRODUCTOR- CONSUMIDOR
Existe una relación directa entre Watanabe y el lector, sobretodo peruano, porque ambos comparten una realidad que no ha pasado del todo, ya que el autor es contemporáneo y ha fallecido recientemente.

Watanabe es uno de esos escritores que se comunica con el lector, a través de las sensaciones que le producen sus textos. Su poesía encierra la noción de esperanza que sobretodo en esta época de “des-comunicación” por el avance monstruoso de la tecnología, permite un acercamiento a los ideales y sueños que cada uno alguna vez tuvo, y en los que nuestra patria alguna vez creyó, pero que se han ido olvidando en el camino.

Watanabe apertura la búsqueda del ser humano. La búsqueda de nosotros mismos, del universo que nos rodea, del otro que se aproxima; es decir, de todos los caminos que nos conducen a través de la ficción a una nueva condición de humanidad, una imagen pasional y visionaria.

“…la poesía tiene gran parte de irracionalidad, de cosas subjetivas que tú no controlas y aparecen. Y aparecen cosas que uno nunca pensaba. Pero eso es lo bonito, tú lo tenías dentro pero no sabías que lo tenías. Y entonces afloran y en ese instante la poesía se convierte en una especie de forma de conocerte a ti mismo.”[7]


Bibliografía


ENTREVISTAS
-Entrevista “Siento Que Me Regalan Los Poemas”
Pedro Escribano.La República, 18/12/06
-Entrevista "El Estilo Es El Lugar Donde Poso Mi Alma"Alonso Rabí Do Carmo

ARTÍCULOS
-Dionisio De Halicarnaso
Y La Idea De Crítica De La Retórica
Jeffrey Walker

-Josè Watanabe Y La Poesia Del 70Armando Arteaga
Lima 05 de Octubre del 2007.

-La Generación Del 70
Juan Carlos Lázaro

PÁGINAS WEB
www.wikipedia.com
www.retórica.librodenotas.com

LIBROS
El Guardián Del Hielo - Antología
José Watanabe

La Retórica Antigua
Roland Barthes



[1] Teoría de la Literatura. Antonio García Berrio
[2] El espectador. José Ortega y Gasset
[3] Poemas Completos. Dylan Thomas
[4] El Aleph. Jorge Luís Borges
[5] Extracción de la Piedra de la locura. Alejandra Pizarnik
[6] Entrevista “Siento Que Me Regalan Los Poemas”- Pedro Escribano.
[7] Entrevista "El Estilo Es El Lugar Donde Poso Mi Alma" -Alonso Rabí Do Carmo